
De nuevo la perrita Laika,
(interesados mirar la entrada del 15/2 LABALALAIKA) marciana cual cometa desorbitado, en uno de los paseos por sus (mis) universos, ha escuchado a una linda mina que pedía la paz en el mundo y el amor para todos,... Y no ha podido evadir sus responsabilidades de cantarme al oído sus cuitas, haciéndolas mías. Me sigue tangueando altanera canciones tristes de don Enrique Santos Discépolo (letra) con música de Juan de Dios Filiberto. Y no puedo evitarlo, levito con ella.
Decí, por Dios, ¿qué me has dao,
Que estoy cambiao,
No sé más quién soy?
El malevaje extrañao,
Me mira sin comprender,...
Me ve perdiendo el cartel
de guapo que ayer
brillaba en la acción...
¿No ves que estoy embretao,
vencido y maniao
en tu corazón?
Te vi pasar tangueando altanera
con un compás tan hondo y sensual
que no fue más que verte
y perder la fe, el coraje,
el ansia 'e guapear.
No me has dejao
ni el pucho en la oreja
de aquel pasao malevo y feroz...
¡Ya no me falta pa' completar
más que ir a misa
e hincarme a rezar!
Ayer, de miedo a matar,
en vez de pelear
me puse a correr...
Me vi a la sombra o finao;
pensé en no verte y temblé...
¡Si yo, -que nunca aflojé-
de noche angustiao
me encierro a yorar!...
Decí, por Dios, ¿qué me has dao,
Que estoy cambiao,
No sé más quién soy?
Yo lanzado, bailo tangado sin tanga, sin bikini y sin calzón, en medio de un concurso de belleza, como un Baco (o fauno) desbocado haciendo sonar mi flauta, convertida en pito. Pitando que la paz sea con vosotros; y es que: “¡Ya no me falta pa' completar más que ir a misa e hincarme a rezar!”
–Hay maño–. Se me lamenta Laika con su acento ruso.
–Perra. Más que perra. –Le largo.
–La vida que llevabas de Malevaje–. Ella continua,... –Pensé en no verte y temblé,...
–Deja de tanguearme, cacho perra. –Endoso.
–Regálame un GPS o me estrello–. Ladra.
–¿Cuándo te proyectaron al espacio? –Pregunto. Por recordarle su edad, malévolo.
–¿Cuándo? ¿Dónde? Y lo más importante ¿Por qué? –Ella. Ahora parece de raza gallega, preguntando su respuesta. Y es que es absurda y sabe, conoce mis gustos y miedos, y siempre contestaría me apremia porque quizá, sé que ella se lo ha olisqueado, me esté enamorando de una,... Mina o cantera...
–¿Perderé mi malevaje y mis(s) universos? –Me asusto. Al preguntarlo, en ese preciso momento, los de seguridad de la sala universal caen sobre mi. Me abrazan fuerte, retorciéndome el brazo a la espalda, me proscriben del salón y me acompañan al exterior.
–¿Qué he hecho? –Les exhorto a explicarme. No dicen nada, miran mi honesta desnudez y me expulsan por los aires hasta la dureza asfáltica de la calle. –¿De qué se me acusa? –Grito, asentado en la rue.
(silencio)
–De estar enamorándote... –Ladra la perrita al pasar cercana.
–A Marte, perra! –Le ordeno a la cosmocánida, señalándole su planeta con el índice.
–Pues eso,... De amarla. –Gruñe Laika siguiendo su órbita ecléctica.