Antes no entendía para que existía el mundo si yo no estaba, pero desde que tengo uso de razón (sin utilizarla mucho) y discierno sobre la vida y la muerte, me doy cuenta de que la defunción forma parte de mi.Los primeros muertos recordados fueron en el colegio. Algún compañero palmó y tuvimos que ir a sus misas y entierros sin conocer las causas claramente pero poniendo cara de sentirlo sin saber comos ni porqueses,...
Luego, –pertenezco a los nacidos en el sesenta y ocho–, el mundo de la droga se llevo a varias amistades en sobredosis, adulterios y extrapurezas de heroínas. Tiempos malos para la lírica.
Así, durante toda mi vida, me han escoltado los malditos accidentes de tráfico, que se han llevado a varios conductores y muchos acompañantes. Siempre evitables pero fulminantes. Los supervivientes llevan clavos o metales y aún, estúpidamente, aman sus motos.
En los noventa apareció el Sida y todos usamos condones,... No siempre, y unos cuantos,...
También suicidios, ¿Cuántos?, incontables. Incomprensibles egoísmos que me han dejado sin ellos y ellas, sin poder salvarlos y sin poder perdonarles. Demasiados.
Otro que tal, el terrorismo, que en este país es enfermedad crónica, ha matado cerca. Recuerdo al doctor Muñoz que fue tiroteado al salir de su consulta por dar de comer a un GRAPO en huelga de hambre. Iñigo es amigo y siempre le he acompañado en el sentimiento, en su vacío, sin saber llenárselo. Ahora estamos viendo a Dejuana proponer lo mismo y supongo que pasará algo, la de la guadaña ronda con sus capuchas negras,... Y llegamos al CÁNCER, que explica tantas desapariciones; La causa que más y peor he aceptado, por ser imposible de racionalizar, supongo. Que sigue actuando impúdicamente sin ningún tipo de motivo, explicación o... Tan arbitrario como una lotería que no compramos y rechazamos,... Se lleva a cualquiera, sin casi avisarnos. Mi padre ingresó con una pulmonía y lo mató, al mes, un cáncer, sin levantarse de la cama de un hospital.
Ahora mis coetáneos empiezan a tener infartos. Se asustan, con sus hijos pequeños y sus matrimonios y sus trabajos, las hipotecas, el dinero, las responsabilidades...
Y, por supuesto, la vida, que llegando a su fin mata a mis mayores a edades avanzadas, que es la ley invariable, rígida e inmutable.
Muchos otros motivos, muchos. La muerte jodida sigue actuando cercana.
Agradezco al menos no haber tenido guerras en mis años de quintas, ni grandes desastres naturales colindantes. Recordando el camping de los Alfaques, o la riada de Biescas,... La colza,... Explosiones de gas o de género,... etc. Los muchos miles en el mundo que sufren cada año tsunamis, terremotos, huracanes o lluvias torrenciales, segando vidas por doquier en la pantalla de mi tele. Dejándome atragantado tragando nuestras cenas con hambrunas y sequías y guerras tribales y la lava bajando por laderas, o los barros ahogando a esa niña agarrada a un tronco, sumergida en un charco inmundo poco a poco desapareciendo, con sus ojos y sus coherentes templanzas,... Onces eses, onces emes, y uno de mis mitos, imagen imborrable, la de Irene Villa y su madre tumbadas en el asfalto. Ellas sobrevivieron matando mis pupilas, logrando que no sintiera nunca más vergüenza por seguir cenando. Cauterizado o no podría probar bocado.
Recuerdos de muertes que ahora con la televisión y la prensa en general hablando de Erika Ortiz me han recordado lo intransigente que es la muerte. Un jodido fin, sin comprenderlo ni asumirlo,... Todos moriros cada día y no entiendo el precipitarlo, no. No lo entiendo.
Y todo esto lo escribo para recordar a Anne Nicole Smith que estuvo pegada en mi taquilla (sus tremendas fotos pin-ups, claro) durante todo mi periodo militar haciendo la mili, que no pude evitar y era obligatoria. Ella tenía mi edad, tenía mis deseos antiguos, acompañándome en unos momentos inútiles, ayudando en mis pajas militares. Por aquellas épocas tenía novieta y ella era la otra,... La deseada. Una hembra tan carnal, llena de vida y rebosante,... Quizá a partir de aquí entienda la necrofilia.
¿Qué importa nada, qué sentido tiene morir, para qué morimos? Preguntas sin respuesta y sin repuesto. Sin todos mis muertos, me cago en ellos que se fueron y no los comprendo. Bailando sobre sus tumbas sin querer olvidarlos. Muertos muy vivos en mi y recordados,... Esperarme y hacerme un buen sitio que pronto iré a visitaros. ¿Cuándo? No importa, prefiero no concertar cita, esperarme. Acaso tenéis otra cosa que hacer.
Mis muertos sé que nos esperan y que siempre estarán ahí. Siempre. Y les pienso echar la bronca por dejarme abandonando, sin excusas.
Antes no entendía para que existía el mundo si yo no estaba, con el tiempo me he dado cuenta de que aunque yo no esté seguirá existiendo y no acabo de entenderlo pero lo acepto. El muerto al hoyo y el vivo al bollo,...
¡¡Ya vale de morirse, coño!!
Un grito inútil e incongruente pero licito. Y es que soy un ignorante sin razón ni discernimiento y no muero (bueno, cada día un poco), y no lo asumo. Por no deprimirme parece que los olvido y no es eso. Deprimido y sin todos ellos,...
Mis muertos!!
1 comentario:
Prefiero los orgasmos a los muertos.
Pero admito que tu carnal muerta rubia, su hijo, su marido, el hijo de su marido... todo ese rosario de difuntos tiene una novela.
Lo siento. Profesional: deformación.
Publicar un comentario